El sol se ocultaba lentamente sobre la ciudad, pero dentro de la Gran Biblioteca Pública de Lima el ambiente estaba lejos de apagarse. Al contrario, se sentía vibrante, lleno de expectativa. No era una jornada cualquiera: el recinto celebraba el Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil con una invitación especial que convocó a lectores, estudiantes, mediadores culturales y amantes de las letras.
En el centro de la escena, la joven escritora Kiara Morris Rodríguez apareció con una serenidad que contrastaba con la emoción del público. Su presencia no solo respondía a la presentación de la tercera edición de su libro, sino también a la consolidación de una voz que comienza a resonar con fuerza en la literatura juvenil peruana.
La crónica de la tarde se fue tejiendo entre palabras y silencios atentos. Kiara habló de sus inicios, de los desafíos de escribir para jóvenes y de la necesidad de crear historias que dialoguen con sus emociones y realidades. Su testimonio, cercano y honesto, logró conectar con los asistentes, quienes siguieron cada intervención con interés genuino.
El momento central llegó con la presentación de la tercera edición de Érase una vez en Moore. La obra, que ya ha conquistado a un público creciente, reafirma su lugar como una propuesta fresca dentro del panorama literario juvenil. Sin embargo, la sorpresa de la jornada elevó aún más el entusiasmo: la proyección del cortometraje basado en el libro.
La sala se sumió en penumbra y, en la pantalla, cuando presentaron el cortometraje titulado Erase una vez en Moore , adaptacion de la obra de Kiara en donde la historia cobró nueva vida gracias al trabajo de CBN Filme. La adaptación fue recibida con aplausos, evidenciando que el universo narrativo de la autora ha logrado trascender las páginas para instalarse también en el lenguaje audiovisual.
Más allá de los logros visibles —como su adaptación al teatro, al cine y los recientes reconocimientos internacionales—, lo que marcó la jornada fue la conexión entre la autora y su público. Kiara no solo presentó un libro; compartió un proceso, una vocación y una apuesta por la imaginación como herramienta de transformación.
La velada concluyó entre fotografías, firmas de libros y conversaciones espontáneas. Quedó claro que el evento no solo celebró una fecha importante, sino también el surgimiento de nuevas voces. La biblioteca, fiel a su misión, se convirtió una vez más en un puente entre la creación literaria y la comunidad.
Así, en medio de páginas, luces y proyecciones, la jornada confirmó que la literatura juvenil peruana tiene futuro, y que nombres como el de Kiara Morris Rodríguez ya empiezan a escribirlo con firmeza.








